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LAS GLOSAS Y LOS AZARES §LXXVIII. QUE EL REY SE ACERQUE A SU TEMPLO

Si quiere uno que el I Ching responda con claridad, debe uno formularle preguntas nítidas. Sus imágenes y dictámenes no sirven para prever el futuro (diacrónico) sino para descifrar el presente (sincrónico) de su lector. Si yo lo consultaba a causa de mi zozobra, de mi incipiente fastidio, era porque quería salir de ese estado, pues el futuro no existe sino como prolongación del presente, y debía yo sondear mis anhelos y mis dudas para intuir qué temer o qué esperar. En resumen, mientras lanzaba seis veces las tres monedas decidí preguntarle cómo resolver con éxito los desafíos que el mundo me reservaría en el futuro inmediato.

Como respuesta obtuve el hexagrama 45, Ts’ui (la Reunión o la recolección), con un seis en la sexta posición.

El hexagrama propone una imagen bella, casi bucólica: “El lago está por sobre la tierra: la imagen de la reunión. Así el noble renueva sus armas para enfrentar lo imprevisto”. El lago de la parte superior pronto caerá como lluvia sobre la tierra: para reunirse con ella y renovar sus frutos. Por ello el hexagrama recomienda “La reunión. Éxito. El rey se acerca a su templo. Es propicio ver al gran hombre. Esto trae éxito. Es propicia la perseverancia. Ofrendar grandes sacrificios engendra ventura. Es propicio emprender algo”.[1]

Tanto la imagen como el dictamen son esperanzadores, por cuanto me aconsejan perseverar en mis actividades a la espera de una lluvia que las fertilice, aunque sugieren que debo hacer equipo, realizar sacrificios y asesorarme con un mentor si deseo emprender proyectos y superar imprevistos. Por experiencia personal, el “gran hombre” no siempre es una persona viva, sino un autor o un libro. Una imagen que se complementa con la de el rey que va al templo, dispuesto a invocar el auxilio de los dioses por el bien de su pueblo.

Lo único preocupante del hexagrama era ese fatídico seis en la parte superior, que auguraba “Quejumbre y suspiros, torrentes de lágrimas. Ningún defecto”, como si me advirtiera que el proceso sería doloroso, pero sería inmaculado. Justo lo que pasaba en El rey se acerca a su templo (1977), una novela de José Agustín cuya trama —repleta de pesares, lágrimas y epifanías— era conducida y coronada por los hexagramas del I Ching.

Por respeto al oráculo, acudí obediente a mi templo y entre sus estantes busqué la novela del gran hombre para leer en ella mi destino.


[1] Wilhelm, Richard y D. J. Vogelmann (trads.) I Ching. El libro de las mutaciones, Editorial Sudamericana, Buenos Aires 12ª edición 1988, p. 259.

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