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Columna

LAS GLOSAS Y LOS AZARES §XCVII UN AÑO DE LECTURAS

Gonzalo Lizardo

Supe de un autor que anualmente publicaba su lista de “los mejores cien libros publicados en México”. Era un superlector, supongo: para que su lista fuera estadísticamente válida, tenía que leer cuando menos trescientos libros que se publicaran ese año en el país: uno al día, casi, sin contar los clásicos, ni los libros editados en el extranjero. Como carezco de tales superpoderes, yo jamás podría realizar ese ejercicio, sin contar con que desconfío de ese tipo de listas: cuando dos libros son realmente buenos, no existen criterios objetivos para dictaminar que uno es mejor que otro.

            Este año, sin embargo, el confinamiento me ha permitido leer más que de costumbre, así que cederé a la tentación de recomendar, no “los diez mejores libros del 2020”, sino aquellos que me dejaron una huella profunda. Empiezo con dos libros de non fiction histórica: Sangre de abril de Lauro Martines (FCE, México 2006), por su convincente retrato de Lorenzo de Médicis, ese fascinante monstruo, lo mismo que El reino, de Emmanuel Carrère (Anagrama, Barcelona 2014), por revelarme (con riguroso narcisismo) que la religión llamada “cristiana” fue en realidad un invento de San Pablo.

            Entre los libros científicos, hubo dos que me hicieron alucinar: uno de Ian Stewart, Las matemáticas del Cosmos (Crítica 2017, Barcelona 2017), que admiro porque me supo mostrar, sin ecuaciones, las matemáticas que sustentan nuestra actual idea del Universo. El otro, Mindhunter, cazador de mentes, de John Douglas y Mark Olshaker (Crítica, Barcelona 2018) porque supo mostrarme los abismos y las paradojas que se agazapan en la psique de los asesinos seriales.

            En cuanto a la poesía, Bomarzo, de Elsa Cross (Era, México 2009) me deslumbró por su talento para traducir en palabras la emoción que inspira lo que Lezama llamaba “la supernaturaleza” y El cuarto de la luna, de Violeta Orozco (Proyecto Literal, México 2020), por la fuerza y la sensibilidad con que explora su noche interior. Por razones afines me angustiaron los cuentos de Los peligros de fumar en la cama, donde Mariana Enríquez demostró ser una destacada alumna de Silvina Ocampo. Y Un libro, de Giorgio Manganelli (Cuenco de Plata, Buenos Aires 2019) me apasionó porque remolca las posibilidades del relato breve hasta los abismos más hondos del lenguaje.

            Concluyo mi lista con dos novelas (ambas con asunto histórico): Herejes, de Leonardo Padura (Tusquet, México 2013), que entrelaza sabiamente la vida de Rembrandt, el destino del pueblo judío y la realidad política de Cuba, y El viaje de Baldassare de Amin Maalouf (Alianza, Madrid 2012), porque su tema, sus personajes y su voz narrativa se confabularon para integrar mi ideal de novela: vendería mi alma al diablo, sin duda, si me permitiera algún día escribir una obra de ese calibre.

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