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Columna

}}}pssst, pssst, Madigan…(53)

Alejandro García

…Voy a una librería enfrente de catedral en Zacatecas. En un rincón está la edición de MR de “Último round” de Julio Cortázar y algo no me cuadra. Voy a las mesas y topo con una extraña edición, para mí desconocida: “Corrección de pruebas en Alta Provenza”. Se refiere a “El libro de Manuel” y al viaje que realiza el cronopio para lograr la versión editable. Regreso al punto inicial y por fin caigo en mi error. En mi entrega anterior (52) digo que el ensayo sobre Lezama Lima pertenece a “Último round”. Se me enciende la cara, me avergüenzo. Todo estaba tan claro y en algún momento metió la cola el diablo. Pertenece a “La vuelta al día en ochenta mundos” y por lo tanto es de 1967. Pido perdón a quien corresponda por tan chafa equivocación. Y ahora sí a lo que voy. Leí hace muchos años “Largo paseo a la eternidad” (1960), breve cuento de Kurt Vonnegut, Jr, incluido en “Bienvenidos a la casa del mono”. Me enamoré de él e hice uso de él en diversas clases a lo largo de estos años. A veces los lectores lo adoraban y otros se declaraban ajenos al texto. Aun lo tengo en alta estima y eso influyó para que incursionara poco en otros textos del autor. Hace unos días, a punto de caer en el letargo después de una temporada de abundante lectura, me di a ir en busca de algo que recalentara los motores. Y no me fue mal. Di con “Matadero 5 o La Cruzada de los inocentes”, justamente de Vonnegut. La obra se publicó en 1969 en inglés y en 1970 en español (Grijalbo, pasta dura, 233 pp.). Curiosamente vuelve a adquirir actualidad por varios aspectos. El primero es la estructura novedosa de la novela que diluye la idea del tiempo y nos lleva a una propuesta muy cercana a la actual teoría de las cuerdas. Billy Pilgrim es un viajero en el tiempo. Al inicio de la novela uno parte de que fue un combatiente norteamericano de la Segunda Guerra Mundial, sobreviviente del bombardeo en Dresde, Alemania en 1945, a unos meses de que el conflicto terminara. Y que años después sobreviviría a un accidente de avión y tendría una experiencia con seres extraterrestres. El asunto está en que Billy toma como su punto de partida una estancia en las cercanías de Dresden, en un hospital. Desde allí viajará hacia el pasado y hacia el futuro. Casi al final de la lectura, ya no es relevante el orden de los acontecimientos y se llega a una idea del tiempo diferente, no marcada por la sucesión ordenada de hechos. Es parte de la influencia de Tralfamadore. No sólo se moverá en o entre el tiempo, sino que irá de la tierra a esa civilización muy distante de la nuestra. Allí vivirá en una especie de zoológico, para con su exhibición satisfacer la curiosidad de los Otros y podrá tener a una compañera, una gran actriz que le sirve de apoyo y mayor variedad en el despliegue de hábitos y costumbres. No nada más el tiempo es apariencia en su linealidad, sino que el hombre puede ir entre mundos si es capaz de rebasar la cuarta dimensión. El segundo elemento de actualidad es el del regreso de la mirada sobre la gran guerra. En Dresden los americanos aniquilaron 130 mil vidas en unas cuantas horas, en un bombardeo inmisericorde. Billy pudo esconderse con unos cuantos soldados más en un edificio que almacenaba carne de animales, de allí el nombre de matadero 5. Muchos de los combatientes que fueron a otros lugares no tuvieron esa suerte y recibieron bombas de sus mismos compatriotas. Tras la unánime justificación de que había que derrotar a los nazis a cualquier precio, surgen los matices y las particularidades. Muy cerca de Berlín, no deja de asomarse el celo por llegar lo antes posible a la capital del Reich. Desde luego, antes que los rusos. Y el tercer elemento es la evocación del subtítulo. Alude a la Cruzada aquella donde se suponía que la sola inocencia de los pequeños desmoronaría la maldad y la beligerancia de los invasores de los lugares santos. Y claro, ya en lo literario, remite a esa ficcionalización que logró Marcel Schwob (1896) sobre tal acontecimiento. Los soldados de una guerra son jóvenes, algunos casi niños, son enviados como carne de cañón al matadero. Lo bueno es que Kurt Vonnegut, Jr., (1922-2007) oh, Madigan, es de los nuestros, mueve el caldero de muerte y violencia, disuelve la pesadez del tema, aleja de las pendencias ideológicas, exhibe con sapiencia la complejidad del alma humana y se divierte y nos divierte, junta mundos distantes en el tiempo o en el espacio y nos permite ver luz entre tinieblas…

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