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Cuento

LA MESETA DEL ROSAL

José J. Alvarado

–Vengo de Ahualulco solo pa’ avisar que en la Meseta del Rosal, rumbo a Salinas de Hidalgo, hay fosas clandestinas con restos humanos. ¿Que dónde está eso?, en una superficie plana, arriba de un cerro que se ve desde la carretera, para mayores señas, donde vean volar los zopilotes en círculo.

–¿Qué desde cuándo? Pos, desde el año pasado, antes del 2010, en las noches que comenzaron a pasan camionetas a toda velocidad. Algunas que vienen del rumbo de Zacatecas.

–¿Qué cómo lo sé? Pos, porque en la oscuridad veo las luces de las trocas, y en el día, cuando subo a La Meseta, por las minas de caolín, para ir a la parcela, encuentro ropa y rollos de cabellos tirados y miro la tierra floja. Y nomás pa’ no dejar, clavé mi cuchilla en uno de esos lugares y se sumió toda, con tanta facilidad, como si juera en mantequilla. Ahí todos lo saben, menos las autoridades…

–…Jefe, señor, disculpe que lo interrumpa. Está un campesino que viene a denunciar la posible existencia de fosas clandestinas.

–Mándalo a la chingada.  En estos momentos, no quiero escándalos en los periódicos.

–Comprenda, señor, que puede ser verdad, esos restos humanos tal vez correspondan a las personas reportadas como desaparecidas. Considere que a diario vienen a preguntar con los retratos en las manos, que cómo va la investigación. Ya ni siquiera piden justicia, solo desean tener una tumba donde llorarles. Habría que actuar de acuerdo al protocolo. Mire que…

– ¿Qué no entiendes? No sirves para esto, cabrón, es más, te voy a cambiar de zona.  Dile a ese campesino chivatón que se está investigando y que se largue a la chingada –, le contestó el funcionario mayor ese, y es que alcancé a oírlo, compare, porque dejó la bocinita del teléfono abierta:

– Pinche Lobo, ¿qué no les ordenaste a esos cabrones que enterraran muy bien a los rejijos? Ahora auméntales la cuota al doble y en dólares, por pendejos–, después, salió de aquella oficina el pelao que me atendía, se acomodó la corbata, las mancuernillas y con tono de abogao muy finolis me dijo así, compare:

– Esta institución deseosa de procurar justicia, atiende todos los asuntos que se le presentan, de inmediato nos avocaremos al pronto esclarecimiento de los hechos, porque este órgano investigador ya está notificado por usted. No es necesario que presente denuncia formal, un grupo de peritos irá a examinar, y en caso de encontrar restos humanos, recabará el ADN, y por otra parte, la policía ministerial dará con los presuntos responsables…

Entonces de luego, luego, noté un nudo bien trabao, como de cochino entre el funcionario mayor ese y el cártel criminal, y manque sea yo ranchero, las cacho en el aire. Me regresé tan decepcionao que me vine a tomar unos mezcalitos aquí en Santa Teresita. Pero le digo compare, échese otro caballito, y le platico más.

 Pasó el tiempo y ninguna patrulla se paró por acá, compare, solo vinieron a levantar al funcionario mayor ese, que tiraron en el acotamiento de la carretera, todo magullado, eso sí, como si lo hubiera pateado una mula y con un balazo en la nuca. También dejaron un cartón que enseguida escondieron los lobitos de la policía, quezque  pa’que no lo vieran los periodistas, pero que decía: “Aquí está tu cuota, completita, jijo de la chingada”.

–¿Tá cabrón, compadre y las fosas?  

–No, pos, las fosas tovía siguen igual, compare, creo que hasta hay más enterraos, es como si los desaparecidos, allí tuvieran garantía de perpetuidá.

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