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Literatura

El satírico ojo destripador de David Ojeda

Manuel Pasillas

“Este instante durísimo en que una muchacha grita, gesticula y sueña por una virtud que nunca fue la suya”1

Efraín Huerta

Pico destripador y guantes de peso completo es un relato del escritor potosino David Ojeda. Se encuentra incluido en su libro de cuentos Bajo tu peso enorme,publicado por Tierra Adentro en 1978. Este relato está plagado de sátira y un humor negro muy agudo por parte del autor. Ojeda es ese pico destripador satírico que arremete contra la fe católica conservadora y la familia tradicional mexicana.

En el estilo hace algo similar a lo que hizo Julio Cortázar en Instrucciones para JohnHowell2. Cortázar hace una superposición de realidades en el intervalo que hay entre dos signos de puntuación; Ojeda, en Pico destripador, lo hace con los tiempos y las voces de los personajes, juega con ese intervalo en el que pueden narrarse hechos de cronologías distintas a través de distintas voces de personajes partiendo de la voz raíz que es la del hijo. Este recurso hace que la construcción sea mucho más económica e imprevisible.

Pico Destripador, en comparación con Bar conejo (que se incluye en el mismo libro y posee una extensión similar), conserva el estilo naturalista descarnado de Ojeda, pero en lo que a la prosa compete, la que Ojeda utiliza es una bellísima y poética que aporta tanto a la verosimilitud de la narración como al humor negro empleado, como el inicio mismo dice: “Nadie te creerá padre que me hiciste por teléfono y luego a casarte porque mamá ya tenía su embarazo y me cargaba en su elástico vientre”.

El título del cuento es la primera muestra del agudísimo ojo satírico de Ojeda. Este proviene del fragmento donde la abuela advierte a la madre sobre los muchachos: “La abuela, al tratar de prevenirla contra los jovencitos, le contaba el asunto del ángel de la guarda que era una fiera para los golpes”, de aquí a que la madre en su niñez soñará “Al ángel de alas amarillas, con pico destripador y guantes de peso completo”. Muchas veces se habla de que el ángel de la guarda protege; pocas, de qué forma lo hace. Esta imagen ojediana recuerda al Ángel Caído3de Basquiat, que aunque fuera pintada posteriormente, captura la esencia del ángel, además de que el boxeo es un tema recurrente en su pintura.

Otras dos obras que abordan la pureza son La niña santa4y El castillo de lapureza5. Aunque en estas no se trata la pureza de la misma manera, en ambas obras la intención de mantenerla a la fuerza conlleva a la destrucción de la misma, como sucede también en Pico destripador.

El relato está construido alrededor de un discurso muy particular acerca de la pureza. Hay que establecer una división cronológica. Para un análisis un poco más ordenado y efectivo, se puede dividir en dos partes: de la

infancia de los padres hasta el nacimiento del hijo, y de ese mismo nacimiento hasta la muerte de la madre. La primera parte está conformada de sucesos totalmente cotidianos, y durante esta se cimienta la idea de la pureza que da ritmo a este análisis, además de que se establece el hilo narrativo.

El sexo es el elemento central de la narración. A través de la idea de la sexualidad se construye la idea de la pureza. Es necesario aclarar que no se trata al sexo como un concepto, como una explicación en sí (como podría ser a la manera de Freud), sino del discurso sobre la sexualidad que se usa un poco más a la manera de Foucault6, y cómo este discurso es el que construye esa idea de la integridad.

“Pureza” proviene del latín purus que significa: limpio, casto honesto o puro y tiene la terminación [eza] que denota “cualidad de”. La madre, simbólicamente, se nos presenta como la portadora de la pureza, desde su niñez es dotada con todas estas características. El discurso o la definición de esa decencia en este ensayo proviene de la connotación sexual que se hace en el relato, de que el discurso sea totalmente sexual, lo que hace significar a la pureza desde lo carnal y virginal, más allá de algo ideológico o de cualquier otra connotación. Por lo tanto, cada que se aborde en este texto el concepto de pureza, se hará referencia meramente a lo sexual, carnal o de connotaciones virginales.

El hilo conductor de la historia se establece en esta primera parte, cuando el padre dice: “Debería ser una gran aventura conquistar una niña así virgen, bonita y prometedora”. Se siembra el motivo central de la narración: el padre quiere conquistar a la madre, quiere doblegar esa pureza, quiere privar a la virgen de su atributo inmanente; esto representa para él “una gran aventura”, como también ilustraría Foucault un juego de poderes entre opresor y sometido.

La segunda parte está compuesta por sucesos extraordinarios y un poco más fantasiosos (en el sentido naturalista, como podría ser en la obra de Quiroga), aunque ciertamente en la cultura mexicana este tipo de sucesos pueden ser perfectamente cotidianos, no por nada Bretón decía que México era “El país surrealista por excelencia”.

El abuelo es la pieza clave para desmenuzar el relato yuxtapuesto. En esta segunda parte se esclarece la violación que se insinuaba en la primera, es cuando el narrador dice: “Llegué a ser la viva imagen del abuelito materno, qué lindo fui”, aportando las piezas definitivas para construir el rompecabezas. Nos damos cuenta de que esa pureza que intenta proteger la madre en realidad ya no existe, el silencio alrededor del sexo, el discurso de la sexualidad que la abuela implantó a su hija fue el que hizo propicia la violación por parte del abuelo. Intentar mantener esa integridad es lo que hace propicia la relación incestuosa de los hermanos.

La imagen de la madre encerrada en la habitación protegiendo algo que se ha desvanecido hace mucho tiempo es de las más poderosas: “Déjame entrar solo a verte, nada intentaré linda; pero ella no y no, ningún hombre me tocará, lo he prometido”. La madre se encierra en el cuarto después de casarse con el padre y este tiene que alimentarla a través de la pequeña abertura de la puerta. La madre se niega rotundamente a entregarse. En este sentido, la empresa que el padre del narrador se planteó en la primera parte del relato se vuelve kafkiana, intenta violentar una algo que no existe, una virginidad que ya no está. La aventura del padre continúa: “Aleteaba una manita blanca (como de marfil) que se ponía a acariciarte”.

Las dos grandes sátiras encuentran su remate hacia al final. La madre ha muerto: “Sé que ella no salió y que paulatinamente se debilitaron sus ruegos, lo que nos obligó a derribar la puerta para encontrar a mamá (la que tenía su pollote de la guarda) muerta”. Ese ángel de la guarda que era una fiera para los golpes cae ante el satírico ojo destripador de David Ojeda. En este último round, Ojeda nos deja con esa imagen de la fe, donde ni ese pollón de la guarda sobrevivió al enorme peso de la realidad.

Enseguida, arremete arremetiendo contra la familia tradicional mexicana. La abuela es la imagen de la ausencia, es la encargada de imponer a la madre, desde el inicio, el discurso de la sexualidad. Haciendo gala de lo que le enseñaron, la madre dice al narrador: “y mírelo bien hijo él sí era todo un hombre” porque la única vez que salió la madre de ese cuarto antes de morir, fue para llevar a su hijo a conocer a su verdadero padre, a ese que era “todo un hombre”, a ese pater familias macho mexicano que la violó, luego cuando la madre encerrada en esa habitación acariciaba al padre: “Y te ibas pretendiendo no escuchar aquella voz que pedía perdón a todos los santos”. Se hace alusión a esa culpa cristiana, y después en su arrepentimiento agrega: “Por lo que he hecho, madre mía” dirigiéndose directamente a la abuela, a su mamita santa que permitió que su padre la violara. Esta idílica y tradicionalista familia mexicana y católica se fragmenta rápidamente.

Pico destripador y guantes de peso completo cierra con la madre muerta “Vestida con muchas ropas y con sus manos blancas cruzadas sobre las piernas” intentando defender eso que se fue hace mucho tiempo. Muere porque el padre se niega a seguir alimentándola: “Si no sales desnuda, te vas a comer tu hambre”. El narrador dice sus últimas palabras: “Pero no te creerán cuando la vean toda abierta solo porque tú quisiste averiguar qué era lo que llevaba dentro”. El padre despoja a la madre de sus ropas y viola un cadáver. Su objetivo es frustrado, pero no solamente por el hecho de que la madre ya está muerta, sino porque el abuelo se le adelantó hace mucho tiempo. Aquí es donde resalta nuevamente el elemento kafkiano, la empresa que el padre se propone durante todo el relato ha sido frustrada desde el principio. La ironía final es el hijo, el narrador que nos cuenta esta fallida historia sobre la conquista de la pureza.

Ojeda nos deja con una obra corta pero compleja, donde además del análisis foucaultiano sobre el discurso de la sexualidad, al cual podemos atribuirle esta serie de sucesos desafortunados, juega de manera magistral con la ironía y el humor negro, como en sus otras obras. El satírico ojo destripador de David Ojeda critica a la sociedad mexicana de su época agudísimamente con una prosa bellísima que se adapta bien los demás elementos. Tenemos aquí un cuento inesperado y sorprendente que es una muestra tanto del ingenio narrativo de Ojeda, como de la buena narrativa que se tiene en tierras mexicanas en la segunda mitad del siglo XX.

1 La muchacha ebria, Los Hombres del Alba, Efraín Huerta (Conaculta, 2014)

2InstruccionesparaJohnHowell, Todos los fuegos el fuego, Julio Cortázar, 1966.

3 Untitled(Fallen Angel), Jean-Michel Basquiat, 1981.

4 Laniñasanta, Lucrecia Martel, 2001.

5 El castillo de la pureza, Arturo Ripstein, 1973.

6 L’Histoire de la sexualité, 1976, Michel Foucault. (Historia de la sexualidad: La voluntad del saber vol. 1., SIGLO XXI Editores, 2011)

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