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Literatura

El Nobel de Padura

Noé Zavala

El Nobel de Padura

Leonardo Padura, futuro ganador del premio Nobel de Literatura, refiere que cuando creó al personaje protagónico de varias de sus novelas policíacas, el detective Mario Conde, no quería uno de corte clásico: despiadado, corrupto e insensible, sino a alguien con atributos opuestos a esa descripción: un policía de corazón puro, que luchara de manera honesta contra los males del mundo. Algo especialmente difícil en un protagonista que inicia su carrera policial formando parte de un régimen político como el cubano, que no se destaca precisamente por garantizar las libertades ciudadanas, ni por llevar a cabo investigaciones bajo otros parámetros que no sean los de la única voz que ahí se escucha, que es la del Estado. Pero, precisamente, este es un punto nodal de la literatura, el que un escritor con talento puede llevar a cabo: modelar y delinear personajes que sean verosímiles, aun luchando contra entornos que le son adversos. Mario Conde es un personaje que, sin socavar planos de la realidad en las tramas en que se ve envuelto, va a contracorriente de algunos de los postulados del policía, además de ser un amante de los libros y un escritor frustrado. En Conde principalmente no hay violencia hacia los demás; solo se daña a sí mismo con su alcoholismo acendrado, producto de la soledad y la melancolía que a veces lo aquejan, y de un querer cambiar las cosas por un mundo más justo e igualitario, aunque en el fondo esté plenamente convencido de la imposibilidad de lograrlo. Este conflicto interno lo suaviza con las largas charlas con sus amigos, con sus amores inacabados y con los suculentos manjares que provee la comida cubana.

La importancia de las historias policiacas radica en que representan el pulso de una nación; son el fiel reflejo de las circunstancias de un tiempo, pues desnudan los artificios que se construyen para representar lo que no es y, por lo tanto, acentúan en el detective la labor de

descubrir esos cimientos falsos, las más de las veces momentáneamente, pues al final, son los intereses políticos y económicos los que siguen prevaleciendo; la conveniencia de los poderosos. El policía es un conducto entre la élite y los bajos mundos: sabe que las motivaciones para cometer un crimen son esencialmente las mismas en los seres humanos: ambición, venganza, celos y poder, entre otras, y que solo existen cambios de escenario. De todo ello es plenamente consciente el personaje de Conde, en el que se entremezclan esos dos mundos, a pesar de que en el discurso se supone que la división de clases no existe en la sociedad cubana, pero el lector se dará cuenta, a través de las narraciones escritas por Padura, de que también la sociedad cubana se encuentra sesgada, y de que acontece lo mismo que en otras partes del mundo.

Resulta un exceso que la generalidad de los personajes que desarrollan labores policiacas esté constituida mayormente con atributos negativos, especialmente en México. No hay de otra, dirán algunos, o un número importante de autores. No sería creíble que en un país corrupto y transa, de lo cual los policías son grandes promotores, y en donde el noventa por ciento de los delitos no se denuncia, exista un policía justo y honesto, abundan diciendo. Pero entonces de qué manera nos explicamos que haya asesinos, narcotraficantes, violadores y defraudadores en prisión. Esa realidad nos demuestra otra cosa. Es cierto que tal vez sean más los policías malos o de quienes más se difundan sus actos en los medios de comunicación y en la literatura, pues eso atrae el morbo de la gente y vende más, pero sí existen los policías buenos y nobles, los Mario Conde, los que están rescatando el mundo, a pesar de ser ignorados. Siempre habrá quienes militen del lado del bien y se abstengan de estar en el bando contrario, al que precisamente se han comprometido a eliminar. Los que enarbolen valores que la sociedad, aunque sea de manera mínima, debe acatar, porque de otra manera estaría condenada a su desaparición.

Es con la construcción de este personaje la forma en que Padura desmenuza con minuciosidad lo que es la cubanidad y su devenir; la isla que parece vivir en un tiempo diverso al del resto del mundo es donde demuestra su pleno talento y, por lo cual afirmo que, sin lugar a dudas, ganará el Nobel.

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