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Ensayo

LENNON & SHOUT

Juan Félix Barbosa

Luego de escuchar un grito al que calificó como espeluznante y que provenía de un joven tendido en el suelo, el psicólogo norteamericano Arthur Janov tuvo una revelación precedida por otras que le sirvió para desarrollar lo que más tarde llamó The Primal scream: grito primitivo o primario. Ideó una terapia que básicamente busca que el sujeto reviva, a través de gritos, el dolor reprimido causante de traumas o conflictos personales para poder exorcizar esos demonios enquistados desde la niñez.

Esta terapia se hizo muy famosa a partir de 1970, y requiere de ciertos elementos como no dormir una noche antes de la sesión, el aislamiento en el momento de la terapia, una habitación insonorizada, entre otros, y desde luego, el apoyo profesional del psicólogo.

El 15 de julio de 1958, cuando John Lennon aún no llegaba a los 18 años de edad, un policía ebrio en Liverpool atropelló de muerte a Julia, madre del futuro Beatle. Un par de años atrás, George Smith (el tío de John), que en realidad fungió como un amoroso padre adoptivo, falleció de un derrame cerebral. Y en 1962, moriría Stuart Sutcliffe, en aquel entonces un muy joven y talentoso artista plástico, el mejor amigo de Lennon, a quien John invitó a tocar el bajo con los incipientes Beatles, y junto con quien viviría con intensidad la aguerrida etapa de Hamburgo. Stu (como le llamaban) murió a los 21 años también debido a una hemorragia cerebral. Sin duda, tres golpes devastadores para el joven músico de Liverpool. Frente a la muerte de Georgie, la tía de John, Mimí, narraba que cuando Lennon se enteró, quedó en silencio total, y así subió a su habitación donde lloró sin que nadie lo escuchara. Luego del fallecimiento de su mamá, John cambió radicalmente de actitud: se volvió dueño de una rabia peculiar y un carácter irónico letal, al grado de mostrarse insensible en situaciones de consideración. Cuando lo de su mejor amigo, volvió a guardar el mismo silencio que con la pérdida de su tío George. Cabe destacar que Paul McCartney, futuro bajista y parte nuclear de The Beatles también perdió a su madre Mary debido a una embolia cuando él tenía solo 14 años.

A diferencia de Paul, John provenía de una relación familiar rota. Su padre Alfred Lennon era originario de una familia numerosa, y de entre todos sus hermanos tuvo la oportunidad de cursar la educación elemental. Aunque le gustaba mucho ser el centro de atención y tenía notable talento y fuertes aspiraciones musicales, finalmente se volvió marinero. Julia Stanley era una mujer extrovertida, aguda y desde niña había aprendido a tocar el banjo y el acordeón, por lo que siempre resultaba ser el alma de las fiestas. Luego de conocerse y varios años de un noviazgo muy conservador, en tiempos de la Segunda Guerra Mundial y sin la aprobación de la familia de ella, en medio de un pub, Julia retó a Alfred para ver si este se atrevía a firmar el matrimonio, mismo que signaron irreflexivamente y a escondidas.

Por ciertas cuestiones de inestabilidad emocional y económica, los padres de John se separaron cuando él tenía apenas cuatro años. Alfred pasaba la mayor parte del tiempo en el mar y regularmente enviaba dinero para el gasto de su familia, hasta que en una ocasión estuvo arrestado seis meses porque sus superiores consideraron que había intentado desertar. En ese tiempo y sin saber de él, Julia conoció a un hombre llamado Bobby Dykins, con quien se volvió a embarazar.

En un intento por recuperar a su hijo, Alfred tuvo la idea de llevarse a John, de seis años, hasta Nueva Zelanda, pero antes de zarpar, Julia le dio alcance, acompañada de su nueva pareja. En esa situación, Alfred puso en un dilema al pequeño al preguntarle con quién quería irse. El niño se inclinó dos veces por su papá. Julia se echó a llorar y se dio la media vuelta; entonces, el pequeño Lennon decidió irse con ella.

Con esa misma inestabilidad emocional y una nueva hija, Julia no pudo hacerse cargo de su primogénito, por lo que Mimí, hermana de la apurada madre, denunció esa situación ante las autoridades competentes y reclamó la tutoría del pequeño. Ella y George Smith se hicieron cargo de él durante toda la niñez y la adolescencia.

Aunque en repetidas entrevistas siendo ya el líder Beatle, Lennon aseguraba que había crecido sin familia, terminaba por aceptar que Mimí y su tío George fueron fundamentales en su formación. Mientras el tío Georgie era cariñoso y amable, Mimí era fría y exageradamente estricta. Así, al arribar a la adolescencia, John se volvió sumamente provocador y eso derivó en que varios de los padres de sus amigos les prohibieran juntarse con él. Esa situación hacía que el joven de Liverpool gozara de lo lindo e intensificara sus actitudes hacia los demás, como retar y contradecir a los profesores de su escuela, que de forma invariable terminaban por expulsarlo.

Sin saber qué hacer con su vida, en cierto momento, John aceptó una invitación de su madre para ir al cine con el afán de recuperar el vínculo perdido. La película era protagonizada por un joven norteamericano que hacía gritar a las chicas como enloquecidas. Ese encuentro de Lennon con el rey de Tupelo, Mississipi fue brutal. Allí, John se contaminó de aquello que las buenas conciencias gringas odiaban: el rock and roll, y también en ese preciso momento decidió, según él mismo reveló después, que algún día sería igual o más grande que el propio Elvis. Entonces, le pidió a su madre que le enseñara a tocar el banjo y ayudara a comprar una guitarra, la hoy histórica Gallotone.

Las cosas empezaron a cambiar de cierta forma, pues también John confesó alguna vez que si no hubiera sido por el rock and roll jamás habría llegado a ser músico, que quizá habría terminado sus días en el mar, pues hubiera seguido el camino de su padre, o bien, alcoholizado y muy probablemente molido a golpes debido a su muy peculiar carácter.

John encontró así una válvula de escape en la música y en el arte, porque además dibujaba y escribía juegos ingeniosos de palabras; habilidades que le permitieron hacer clic con dos personas en particular: Paul y Stu. Al primero, con la música y las letras ingeniosas, y con el segundo, la expresión plástica, pues a Sutcliffe lo conoció cuando estuvieron juntos en la Escuela de Arte de Liverpool. Una vez conformada la alineación de los Beatles como quinteto y con Stu en el bajo, la experiencia en el sórdido mundo de Hamburgo, Alemania, fue el marco ideal para que Lennon exorcizara una minúscula parte de su legión interna entre anfetaminas, prostitutas, peleas diarias entre marineros y presentaciones maratónicas de la banda.

Ya fogueados con la exigencia del rudo público alemán, los Beatles volvieron a tocar en Liverpool y empezaron a provocar entre el público femenil los mismos gritos que hacían las fans de Elvis Presley del otro lado del Atlántico. La única disquera que aceptó firmarlos, Parlophone, lanzó el álbum debut de la agrupación: Please, Please me, el 22 de marzo de 1963. En ese disco abre la canción “I saw her standing there”, original de la dupla Lennon-McCartney, la cual habla de una adolescente de 17 años. La canción conserva ese toque rockandrolero gracias al bajeo, el cual, según el propio Paul, se lo fusiló de la canción “Talkin about you” de Chuck Berry. Es una pieza de fuerza impactante, y en el minuto 1:32 Paul, que lleva la voz protagónica, junto a John en los coros, lanzan un grito doble que en el futuro cercano se volverá sello Beatle característico para ciertas piezas. De esta manera, Lennon yMcCartney se estrenaron (sin saberlo y anticipadamente) en la onda de gritar con las vísceras, muy a la primal scream que Janov anunciaría siete años más tarde.

Curiosamente, en la canción “Twist & Shout”, original de los compositores Phil Medley y Bert Russell, que cierra ese disco, John Lennon, agotado por la sesión de diez horas en las que grabaron igual número de piezas, y casi afónico, parece casi gritar la canción con mucha energía y pasión. Y quizá por lo que les provocaba desde la época de Hamburgo, “Twist & Shout” fue un tema recurrente en sus presentaciones en vivo, incluso en la que tuvieron en el programa de Ed Sullivan el 23 de febrero del 64 durante su primera visita a Norteamérica. Cuando la interpretan, en la parte media puede apreciarse cómo Lennon lleva la pieza al clímax, como en “I saw her standing there”, reventando la armonía vocal de los tres a coro con un grito que no solo se contagiaría entre los asistentes al programa, sino a toda una generación que hizo del griterío una de las características principales de la entonces ascendente beatlemanía.

Ese grito peculiar lennoniano aparecería de manera posterior en canciones como “A hard days nigth”, “Can´t buy me love”. Aunque esta canción es cantada por Paul, se alcanza a escuchar la intervención solidaria de John en la parte media. Otras piezas son “You can´t do that” y “Dizzy, Miss Lizzy”, esta de Larry Williams, en otras. Aunque no son propiamente gritos, pareciera que Lennon está a punto de cruzar el límite, por ejemplo, “Rock and roll” de Chuck Berry y “Mr. Moonlight” de Roy Lee Johnson. En esta última, el comienzo es prácticamente un grito. Los discos en donde aparecen las canciones mencionadas fueron grabados entre 1964 y 1965, años cumbre de la beatlemanía.

Ya en 1966, los Beatles hastiados, principalmente John y George, por las más de mil presentaciones en vivo que habían acumulado, la sofocación mediática y el nuevo riesgo que representaban los conciertos debido a las amenazas veladas del Klu Klux Klan por aquello ser más grandes que Jesucristo (enunciado por John y descontextualizado por la prensa norteamericana), el 29 de agosto ofrecieron el que fue su último concierto masivo en directo en el estadio Candlestick Park, en San Francisco, California ante unos 25 mil asistentes. Oficialmente, se tiene registrado que la presentación de los ingleses duró solo 33 minutos, pero lo que parecería breve en realidad fue un interminable lapso tapizado de principio a fin por el griterío de la muchedumbre, al grado de que ni los propios músicos fueron capaces de escuchar lo que tocaron.

El concierto de Candlestick Park resultó ser simbólico no solo porque cerró las presentaciones monumentales de los Beatles para siempre, sino también porque fue el fin de los gritos salvajes que retumbaban y se volvían auténticos rugidos como sello indeleble de la beatlemanía. Este hecho le permitió a los de Liverpool abrir un nuevo y afortunado episodio: el de la exploración musical, entre otro tipo de indagaciones, que los llevó a madurar como creadores y dejar un legado en el que los gritos curiosamente casi desaparecen de sus canciones. En éstas, se puede percibir a un John distinto, de una voz más melodiosa, como si hubiera hecho una tregua con sus heridas primigenias para avocarse a otro tipo de descarga, la de la sublimación creativa en ejemplos como “Revolver” y “Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band”.

Aunque esa pausa sería breve, pues, en el Magical Mistery Tour, reaparecen los gritos, con poca menos intensidad, en canciones como “Baby your a rich man” y en “All you need is love”. Más tarde, en el Álbum blanco, surgen tres canciones en las que, si bien Lennon no grita propiamente, eleva la voz intensificándola al grado de estilizar un grito cantado; por ejemplo, en la muy aclamada: “Happiness is a warm gun”, en “I’m so tired” y en la estrambótica “Everybody’s got somethings to hide except me and my monkey”.

En el álbum Yellow Submarine, Lennon aparece con otro tipo de gritos quizá más histrionizados alejándose de su visceralidad característica, como en: “Hey Bulldog” o “All you need is love”; y en los dos últimos discos: Abbey Road y Let it be, John casi se desliga de esta expresión primitiva, quizá debido a su encuentro con el amor y, en consecuencia, por la incipiente desconexión hacia los otros Beatles.

En 1970, John y Yoko recibieron una copia del libro de Janov: The Primal Scream, sin que el autor lo supiera. Ambos se pusieron en contacto con él y lo invitaron a ir a Inglaterra. Tiempo después, la pareja se mudó temporalmente a Los Ángeles para continuar con la terapia. Al respecto, el propio Janov comentó que a pesar de haber visto ciertos niveles de dolor en otros pacientes, el de Lennon resultaba muy intenso y sorprendente, y lo más curioso aún, cuando el de Liverpool se recostaba en el piso para comenzar la sesión, decía con sinceridad que no sabía cómo gritar.

Los resultados de este proceso influyeron notablemente para que Lennon compusiera su primer disco de estudio como solista, titulado: John Lennon/Plastic Ono Band, publicado ese miso año, en el que se percibe un notable grado de franqueza en piezas como “Mother, God y My mummy’s dead”, cuyas letras son de corte muy intimista, reveladoras y tajantes, lo que lo vuelve un álbum que es considerado una de las obras fundamentales en solitario del cantante inglés.

Lennon y McCartney no inventaron los gritos en las canciones. Ya Little Richard lo había hecho muy a su modo años antes de que los Beatles ascendieran a la fama; y es que el rock and roll es eso: un grito en forma de género musical que arrebata y que permite asistir al lado más impulsivo del ser humano.

Los gritos de Lennon y McCartney brotaban siempre en la parte catártica de la canción, y a diferencia de Paul, que parecía hacer del grito, más un recurso estético propio del género, excepto en “Hey Jude”, en donde se desgañita como nunca lo había hecho, John parecía querer extender ese clímax como si todo se fuese a terminar en el instante, como si las entrañas le dictaran lo imperioso de vomitar aquello que seguía ardiendo desde adentro, por más que se conjurara, aunque el tono de la piezas fuera evidentemente festivo.

Hoy en día, la terapia de Janov tiene muchos detractores e incluso goza de cierto descrédito entre la comunidad académica. Y en alguna entrevista, el propio Lennon dijo a una reportera que en ciertas canciones, en lugar de cantar, gritaba de golpe y que no por eso confundiera la música con la terapia. Lo que es innegable es que en el repertorio Beatle, John dejó en sus intervenciones una estela que tiene el sabor del júbilo y al mismo tiempo de una visceralidad que no alcanza adjetivo. De esta manera, paga con creces la deuda que tiempo atrás firmó con el rock and roll, ese que en algún momento lo salvó de perderse, ese que aún hoy, con todo y gritos, sigue salvando de extraviarse a más de uno.

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