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Ensayo

Pasad que está barrido. EL OSO HORMIGUERO DE MIRAFLORES

Jorge Humberto Chávez

Antonio Alfonso Cisneros Campoy nació en el barrio de Miraflores, en Lima, el 27 de diciembre de 1942. Estudio humanidades en la Universidad Mayor de San Marcos y se doctoró en Letras por la Pontificia Universidad Católica del Perú en 1974. Desde muy joven se presentó como un poeta consciente de la gran altura de la poesía peruana, dominada desde entonces y hasta hoy por el gran César Vallejo, para algunos el poeta mayor de Iberoamérica en el siglo XX.

A los 26 años de su edad, Jorge Enrique Adoum, Claribel Alegría y Fayad Jamis (más otros dos) le otorgaron a Cisneros el prestigioso Premio Casa de las Américas, de Cuba, con el libro Canto ceremonial contra un oso hormiguero. Esto ocurrió en 1968, y no sé cómo pero la necesidad o el azar me fueron favorables y catorce años más tarde, una noche en que nos encontrábamos David Ojeda y yo discutiendo sobre poesía, en San Luis, él me regaló el libro del Oso hormiguero. De regreso en el autobús rumbo a Ciudad Juárez lo leí: coño y carajo: un librazo. Complejo en su forma y su lenguaje, vertiginoso en su verbalidad y lleno de abismos en su posicionamiento estético e ideológico, plantado con un pie en la realidad latinoamericana de esos años y con el otro ventilando prácticamente una poética nueva para la literatura de su país y la poesía en español:

…Hombres del país donde la única Torre es el comercio de harina de pescado,

Gastados como un odre de vino entre borrachos.

                                                   Qué aire ya nos queda.

Y recibimos un laurel viejo de las manos del propio Virgilio y de manos de Erasmo

una medalla rota.

Holgados y seguros en el vericueto de la Academia y las

     publicaciones…

…(Amontonad los muertos en el baño, ocultadlos, y pronto el Coliseo

os será limpio y propicio como una cama blanda).

Hay un animal noble y hermoso cercado entre ballestas.

En la frontera Sur la guerra ha comenzado. La peste, el hambre en la frontera Norte. (1)

Para ese entonces Cisneros ya había iniciado una trashumancia académica que lo llevó a enseñar literatura en las universidades de Huamanga, San Marcos, Southampton, Niza, Budapest, Berkeley y Virginia, para volver a su país a San Marcos como profesor titular. Al Canto Ceremonial siguieron otros 20 títulos entre los que destacan Como higuera en un campo de golf, Crónicas del niño Jesús de Chilca, Agua que no has de beber y otros cantos, Monólogos de la casta Susana y otros poemas, Las inmensas preguntas celestes, Comentarios reales , A cada quien su animal, y las antologías Propios como ajenos y Por la Noche los Gatos, más siete libros de narrativa cuyos nombres no mencionaré, porque, como dijo el señor Guillaume Apollinaire, para la prosa están los periódicos.

Luego llegaron más premios: el Gabriela Mistral, el José Donoso, el Pablo Neruda, el Rubén Darío, su nombramiento como Caballero de las Artes y las Letras de Francia (sí señor), el del Mundo Latino Víctor Sandoval: ahora veamos esto:

Un chancho hincha sus pulmones bajo un gran limonero

                        mete su trompa en la Realidad

                            se come una bola de Caca

                                               eructa

                                               pluajj

                                           un premio (2)

Cuando Cisneros murió, a los 69 años, era candidato al Premio Cervantes, pero no quiso pedir un milagro a Dios y éste no quiso dárselo –en la Revista Somos, del Diario El Comercio, al preguntarle su entrevistador que cuál era su posición anímica frente al cáncer de pulmón que sufría desde tiempo atrás, Antonio contestó: lo he tomado con humor. Sé que estoy enfermo y quiero salir de ésta, pero tampoco puedo pedir un milagro, sólo calidad de vida por un tiempo más.

La poesía de Cisneros elude desde su nacimiento los tropiezos de la falta de oficio y la cursilería: sus escasos poemas de amor no son tales, sino de desamor, como a él le gustaba decir a sus lectores cuando leía sus Boleros Maroqueros (aquí el cuarto):

No me aumentaron el sueldo por tu ausencia

sin embargo

el frasco de Nescafé me dura el doble

el triple las hojas de afeitar.

En Cisneros, el deliberado interés en complicar su poesía con la estructura o la forma del texto sólo se compara con la difícil práctica del manejo de contextos históricos y temas sociales y de filosofía política (su postura marxista, su filiación por la revolución cubana, sus crónicas sobre los movimientos populares y su atención a los problemas y las carencias de los peruanos pobres así lo evidencian –tiene un poema maravilloso titulado Entonces en las aguas de Conchán, en el que hace la crónica de cómo una ballena aparece muerta en la playa y cómo los habitantes de Conchán resuelven la situación llevándosela en pedacitos a sus casas para echar algo de carne a sus sartenes y un poco de aceite a sus lámparas- ). Su misma posición como artista verbal era de una tremenda vena irónica, autocrítica y del todo desmitificadora, muy bien posicionada en la realidad.

Opino que Cisneros es el máximo representante de la generación de los 60s de su país y el poeta peruano de mayor fuerza y perfección de la segunda mitad del siglo XX. Fue gran amigo del sacerdote Gustavo Gutiérrez, filósofo y teólogo, autor del fundamental libro La Teología de la liberación, perspectivas, publicado en 1979 en Lima, y del poeta Javier Heraud, también guerrillero del Ejército de Liberación Nacional del Perú, y quien murió a los 21 años en un enfrentamiento con la milicia del presidente golpista Ricardo Pérez Godoy. Sus afinidades literarias están muy claras porque fueron definidas por él mismo y las delata en su misma poesía: Quevedo, la Biblia, Ezra Pound, Eliot, Lowell, los poetas Beats, Paz, Cardenal y Cernuda.

Conocí a Cisneros en el verano de 1996, gracias al poeta Miguel Ángel Zapata, limeño también, quien entonces daba clases en la Universidad de Texas en El Paso. Nos encontramos luego en Ciudad de México, Tampico, México otras veces, Morelia, Guadalajara y finalmente en Monterrey, en abril de 2012, cuando David Ojeda y yo fuimos invitados a la UANL por Pepe Garza. Conservo una foto de esa noche de tragos. Cinco meses después, el 6 de octubre por la tarde, recibí en mi casa de San Luis una llamada de Marco Antonio Campos en la que me enteraba de su muerte. Una noche antes, Cisneros le había indicado a su cocinera qué iba a desayunar al día siguiente. Por la mañana, la moza fue a despertarlo para decirle que su almuerzo ya lo esperaba en la mesa, pero Antonio Cisneros ya no estaba:  se había ido con su viejo maestro Don Francisco de Quevedo a hacer las cosas que más le gustaban: fumar cigarros ingleses, conocer mujeres peligrosas y beber Johnny Walker, pero del rojo, porque está más barato.

…Y en verdad, Don Antonio Cisneros vive seguro

de que sus versos no habrán de ser leídos por Quevedo

aunque lo entierren en su tumba vecina. (3)

(1) Karl Marx died 1883 aged 65. Primer poema de Canto ceremonial contra un oso hormiguero. P. 7, Edición de Libros de mar a mar, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires 1968.

(2) Arte Poética 1, fragmento 1., p. 123. Por la noche los gatos, Poesía 1961-1986. Col Tierra firme, FCE, México, 1989.

(3) Dos sobre literatura, fragmento 2, p. 57. Propios como ajenos, Antología Personal (Poesía 1962-1988), Peisa, Lima, Perú, 1989

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